Él era Jack, uno de mis mejores amigos. Ya sé lo rubio que era, incluso ya sabía la de tonterías que podía decir; pero nunca llegué a pensar cuánto podría echarla de menos.
Apenas estaba amaneciendo cuando oí golpecitos en mi ventana… ¿he dicho golpecitos? pero si mi cuarto está en la segunda planta. Me asomé a la ventana.
- Char, baja por favor.
- ¿Jack?
Cerré la ventana, cogí una manta para taparme un poco y bajé las escaleras lo más rápido que pude, sin hacer ruido, ya que mis padres estaban durmiendo. Abrí la puerta y allí estaba él plantado.
- ¿Tú estás loco? ¿Has visto la hora que es? Sólo se te podía ocurrir… Jack, ¿Qué pasa?
- La hecho de menos Char. Y cada vez me olvido más de cómo era su voz; cada vez recuerdo menos cada parte de ella. No se despidió de mí.
Así que se trataba de Oli. Tan sólo pude darle un abrazo; me llevaría bastante tiempo sacarle una sonrisa, y si es que lo conseguía.
- Ven, entra. ¿No me rompas nada vale? Que si hacemos ruido despertamos a mis padres.
- ¿Y qué crees que te voy a romper?
- Pues lo primero que te encuentres, eso sin dudarlo.
- No soy tan desast… ¿tanto lo soy?
- Ese tanto y más. Vete al salón. Prepararé chocolate caliente y ya hablamos, ¿vale? Supongo que debes tener hambre.
- No hace falta que te tomes tantas molestias, de verdad.
- ¿Tienes o no hambre?
- Pues… un poco sí.
- Entonces a callar. Enciende la tele si quieres.
- No creo que haga falta.
Tal y como le dije, preparé chocolate caliente… y gofres, tostadas, cogí mermelada de frambuesa (no se porqué, pero hace tiempo me había dicho que le gustaba) y alguna que otra más. Con hambre no se quedaría.
- Emm, esto…
- Que no, que es suficiente comida para los dos. Lo que tu no te comas, ya lo termino yo. Bueno, ahora…
- Desde que se fue ya no duermo bien, hasta incluso tengo pesadillas. Ella era y sigue siendo algo imprescindible en mi vida. Hasta con mirarme me sacaba una sonrisa. Entre nosotros sobraban las palabras… todas las que faltaron decirnos cuando se marchó. Quiero volver a verla Charlotte, quiero tenerla entre mis brazos para no dejar que se vuelva a ir.
- Tú sabes que ella no se fue para siempre, que va a volver…
- Y la esperaré cuánto haga falta. Sólo tengo miedo a que haya dejado de quererme…
- Eso no ha pasado ni va a pasar.
- ¿Cómo lo sabes?
- Sencillo. Simplemente lo sé.
Estuvimos un rato en silencio, terminando de devorar todo lo que había preparado. Hasta que empecé a reírme.
- ¿De qué te ríes?
- ¡Es que, te has manchado con el chocolate! Anda, anda, ven aquí que te quito la mancha. ¿Ves como eres un desastre?
- ¿Tan solo por mancharme?
- Sí.
- Char, ¿por qué intentas hacerme sonreír?
- Bueno, supongo que ha eso viniste, ¿no?



